Despedida a Danny. Discurso de Bruce Springsteen en el funeral de Danny Federici, el 21 de abril en Red Bank, New Jersey

El pasado 21 de abril en el funeral de Danny Federici, en Red Bank, New Jersey, Bruce Springsteen pronunció un discurso precioso de despedida de su amigo. Os dejo una traducción más abajo.

También os dejo el emotivo vídeo con el que la E Street Band ha estado abriendo sus conciertos, antes de la primera canción, en recuerdo de su compañero. Con la música de Blood Brothers…

Y ahora el discurso:

Bruce Springsteen, en el funeral de Danny Federici:

“Permitidme empezar con algunas historias:

Atrás, en los días de los milagros, cuando “Mad Dog” López y su temperamento sembraban el pánico entre los miembros de la banda, los propietarios de los pequeños clubs, los civiles inocentes y todas las mujeres, los niños y los animales pequeños.

Atrás, en los días en que podías firmar tu vida en el techo de un coche aparcado en la ciudad de Nueva York.

Atrás, poco después, cuando un joven acordeonista ganó el primer premio en el “Ted Mack Amateur Tour” y le enviaron, junto con su madre, a Suiza para enseñarles cómo se toca realmente.

Antes incluso de que las quemaduras de la playa salieran en la portada de la revista Time.

¡Estoy hablando de cuando la E Street Band era una organización comunista! Mi amigo, tranquilo, tímido Dan Federici, fue uno de los creadores de las circunstancias más extravagantes en nuestros 40 años de carrera… Y eso no es fácil de hacer. Tenía que competir con “Mad Dog” Lopez. Pero Danny pudo con él.

Quizá fue la “policía antidisturbios” en Middletown, Nueva Jersey. Estábamos en un concierto que estábamos haciendo para recaudar dinero para la fianza de “Mad Dog” López, que estaba en la cárcel en Richmond, Virginia, por tener un altercado con la policía, con el agravante de haber estado tocando demasiado tiempo. Danny golpeó presuntamente, a través de nuestra enorme Marshall, a alguno de los agentes que se precipitaron al escenario… por estar tocando demasiado tiempo…

Yo estaba ahí, de pie, mirando… Mientras varios policías aparecían por todas partes… Por el foso del apuntador… por todos lados… y pedían atención médica. Una joven agente, atractiva, estaba delante de mí en el escenario blandiendo su porra y gritándome nombres no muy agradables… Miré a mi alrededor y vi a Danny con otro agente de policía tirando de su brazo, mientras que Flo Federici, su primera esposa, tirando del otro, ayudando a su hombre a resistirse a la detención.

Un niño saltó al escenario desde el público y ese fue el momento de distracción del agente que estaba con Danny… A partir de ese momento, y para siempre, “Phantom” Dan Federici se deslizó entre la multitud y desapareció.

Hubo una orden de arresto, pero un mes más tarde no había sido llevado ante la justicia. Le escondimos en varios sitios, pero teníamos un problema. Teníamos un concierto en el Monmouth College. Necesitábamos el dinero y teníamos que hacerlo. Probamos con un sustituto, pero no funcionó. Así que Danny, para nuestra admiración, dio un paso al frente y dijo que arriesgaba su libertad y que se arriesgaría a tocar.

La noche del concierto. 2.000 fans gritando en el gimnasio del Monmouth College. Lo habíamos planeado para que Danny no apareciera en escena hasta el momento en que empezáramos a tocar. Suponíamos que la policía que estaban allí para arrestarlo, no lo haría en el escenario, durante el espectáculo, por el riesgo de comenzar otro motín.

Dejadme que os pinte la escena: Danny está escondido debajo del asiento trasero de un coche en el parking. A las ocho menos cinco, nuestra hora de comienzo, voy a por él… Golpeo en el cristal:
“Danny, vamos, es el momento”.

Le oigo decir, “No voy”.

Yo: “¿Qué quieres decir que no vienes?”

Danny: “Los policías están en el techo del gimnasio. Les he visto y me van a pillar en el momento en
que salga de este coche”.

Mientras abro la puerta, me doy cuenta de que Danny ha estado fumando algo y se había vuelto un poco paranoico. Le digo: “Dan, no hay policías en el tejado”.

Él dice: “Sí, los he visto. Te lo digo, no voy a entrar”.

Así que utilicé un procedimiento al que he tenido que recurrir de vez en cuando en los siguientes cuarenta años, cuando se trata de negociar los asuntos de mis viejos colegas… ¡Le amenazé… y le dije de todo! Al final salió… Cruzó el parking y entró en el gimnasio. Durante el concierto nos reíamos como ladrones de cómo burlábamos a los policías locales.

Al final del concierto, durante la última canción, hago que suba la gente al escenario y Danny se escabulle entre la multitud y sale por la puerta delantera. Una vez más, “Phantom” Danny Federici había conseguido su huída. (Todavía recibo, de vez en cuando, una tarjeta del Jefe de Policía de Middletown, deseándonos bien. Nuestras historias se entrelazan para siempre.) Y eso, mis amigos, era sólo el comienzo.

Llegó el momento en que Danny iba a dejar la banda durante un período de tiempo, en Max’s Kansas City. Me explicó que iba a arreglar televisores. Le dije que se lo pensara y que volviera más tarde.

Danny… cuando nos movíamos con al banda en un coche de alquiler, golpeando coches aparcados después de una noche de diversión… Rompiendo un parabrisas con la cabeza, pero salvándola de serios daños con un sombrero de cowboy que había comprado en Texas.

Danny, dejando una planta de marihuana en el asiento delantero de un coche aparcado en una zona de prohibido estacionamiento. El coche fue rápidamente retirado por la grúa. Él dijo, “Bruce, voy a ir a decir que me lo habían robado.” Le dije: “No estoy seguro de que sea una buena idea.”

Y allá que fue…

O Danny… el único miembro de la E Street Band que ha sido físicamente expulsado del Stone Pony. Teniendo en cuenta todo el dinero que les hemos hecho ganar, no es fácil de hacer.

O Danny… ayudándome a quitar mi pie de su altavoz estéreo después de haber sido el único miembro del grupo que me ha provocado una furia violenta.

Y, a pesar de todo, Danny tocó su precioso, llevo de alma, órgano B3 para mí y nuestro amor creció.

Y continuó creciendo. La vida es divertida así. Él era mi colega, mi chico de casa, y para que haga las
consideraciones… Él era mucho más tolerante con mis fallos que yo con los suyos.

Cuando Danny no causaba caos, era dulce, talentoso, nada pretencioso… un buen tío de buen corazón que simplemente tenía la capacidad de no tener mucha suerte y los negocios en general, le iban fabulosamente mal.

Pero más allá de esto, él también tenía un montón de cosas buenas. Tenía el corazón y el alma de un ingeniero. Aprendió a volar. Estaba siempre al día en la última tecnología y te lo explicaba pacientemente y con enorme detalle. Estaba siempre “mejorando” algo, su coche, su radio, su B3.
Cuanto Patti se unió a la banda, él fue el más acogedor, atento y amigo amable de la primera mujer que entraba en nuestro “club de chicos”.

Amó a sus hijos, siempre presumiendo de Jason, Harley y Madison, y amó a su mujer Maya por las cosas nuevas que trajo a su vida.

Y luego estaba su etapa de artista. Fue el músico más intuitivo que he visto. Su estilo fue resbaladizo y fluido, llenaba los espacios que los otros músicos de la E Street Band dejaban. No era un músico que llamaba la atención, era un músico complementario. Un verdadero acompañante. Con naturalidad aportaba el pegamento que unía el sonido de la banda. Y haciendo esto, creó para él un estilo y un espacio específico. Cuando oyes a Dan Federici, no oyes un sonido plano, oyes un riff, lleno de energía, volando por encima de todo en un momento y perdiéndose después en el conjunto. “Phantom” Dan Federici. Ahora lo oyes, ahora no.

Fuera del escenario, Danny no podía recitar una letra o una progresión de acordes de una sola de mis canciones. En el escenario, sus oídos estaban abiertos. Escuchaba, esperaba y tocaba encontrando el sitio perfecto para tocar un acorde o unas notas. Su estilo creó un tremendo sentimiento de espontaneidad en cómo se unía nuestra manera de tocar.

En el estudio, si quería dejar libertad a la canción que estábamos grabando, se la ponía a Danny y no le decía qué tenía que tocar. Le dejaba suelto. Él trajo el sonido del carnaval, de las ferias, del paseo marítimo, de la playa, de la geografía de nuestra juventud y el corazón y el alma del lugar de nacimiento de la E Street Band.

Entonces crecimos. Muy despacio. Estuvimos juntos a través de un montón de dudas y tribulaciones. La respuesta de Danny a un error en el escenario, a los tiempos duros o a eventos catastróficos solía ser encogerse de hombros y sonreír. Una especie de “no soy más que un hombre en un mar agitado, pero todavía estoy a flote. Y todos seguimos aquí”.

He visto a Danny luchar y vencer alguna adicción dura. Le he visto luchar por poner su vida en común y, en la última década, cuando la banda se volvió a unir, prosperar sentado detrás de ese enorme B3, lleno de vida y sí, de nueva madurez, pasión por su trabajo, su familia y su casa en la hermandad de nuestra banda.

Finalmente, le he visto luchar contra su cáncer sin quejarse y con gran coraje y espíritu. Cuando le preguntaba que cómo iban las cosas, él sólo me decía, “¿qué le vas a hacer? Esperando a que llegue mañana”. Danny, el lado feliz del fatalismo. Nunca se rendió hasta el final.

Hace unas semanas nos encontramos en el escenario en Indianápolis, para la que sería la última vez. Antes de subir, le pregunté que qué quería que tocáramos y él dijo “Sandy”. Quería ponerse el acordeón y revisitar el paseo marítimo de nuestra juventud durante las noches de verano cuando paseábamos con todo el tiempo del mundo.

¡Qué más da si rompemos tres coches aparcados, es una noche preciosa!

¡Qué más da si nos persigue todo el departamento de policía de Middletown, vamos a darnos un baño!

Él quiso tocar una vez más la canción que trata, por supuesto, de el fin de algo maravilloso y el principio de algo desconocido y nuevo.

Volvamos un momento a los días de los milagros. Pete Townshend dijo “una banda de rock and roll es algo loco. Conoces gente cuando eres un niño y no tienes otra ocupación en todo el mundo, y luego tu vida se vincula a la suya sin importar quienes son o qué locuras hagan”.

Si no tocáramos juntos, la E Street Band en este punto probablemente no existiría. No estaríamos en esta habitación juntos. Pero lo estamos… Tocamos juntos. Y cada noche a las 8 de la tarde, salimos al escenario juntos y ahí, amigos míos, es el lugar en que los milagros ocurren… Viejos y nuevos milagros. Y aquellos con los que estás, y presencias el milagro juntos, no los olvidas. La vida no te separa. La muerte no te separa. Aquellos con los que estás, y crean el milagro para ti, como Danny hizo por mí, hay que honrarles y contar con ellos.

Por supuesto, todos hemos crecido y sabemos que “es sólo rock and roll…” pero no lo es. Después de toda una vida viendo a un hombre hacer su milagro para ti, noche tras noche, se siente un tremendo amor.

Así que hoy, haciendo otra de sus misteriosas escapatorias, nos despedimos de Danny, “Phantom” Dan, Federici, Padre, marido, mi hermano, mi amigo, mi misterio, mi espina, mi rosa, mi teclista, mi hombre milagro y miembro vitalicio en buena ley de la rockeadora de salas, bajadora de pantalones, sacudidora de tierras, hard rockin’, hacedora de amor, rompedora de corazones, lloradora de almas… y sí DESAFIADORA DE LA MUERTE, legendaria E Street Band.”

Brucesign

Let me start with the stories.

Back in the days of miracles, the frontier days when “Mad Dog” Lopez and his temper struck fear into the band, small club owners, innocent civilians and all women, children and small animals.

Back in the days when you could still sign your life away on the hood of a parked car in New York City.

Back shortly after a young red-headed accordionist struck gold on the Ted Mack Amateur Hour and he and his mama were sent to Switzerland to show them how it’s really done.

Back before beach bums were featured on the cover of Time magazine.

I’m talking about back when the E Street Band was a communist organization! My pal, quiet, shy Dan Federici, was a one-man creator of some of the hairiest circumstances of our 40 year career… And that wasn’t easy to do. He had “Mad Dog” Lopez to compete with…. Danny just outlasted him.

Maybe it was the “police riot” in Middletown, New Jersey. A show we were doing to raise bail money for “Mad Log” Lopez who was in jail in Richmond, Virginia, for having an altercation with police officers who we’d aggravated by playing too long. Danny allegedly knocked over our huge Marshall stacks on some of Middletown’s finest who had rushed the stage because we broke the law by…playing too long.

As I stood there watching, several police oficers crawled out from underneath the speaker cabinets and rushed away to seek medical attention. Another nice young officer stood in front of me onstage waving his nightstick, poking and calling me nasty names. I looked over to see Danny with a beefy police officer pulling on one arm while Flo Federici, his first wife, pulled on the other, assisting her man in resisting arrest.

A kid leapt from the audience onto the stage, momentarily distracting the beefy officer with the insults of the day. Forever thereafter, “Phantom” Dan Federici slipped into the crowd and disappeared.

A warrant out for his arrest and one month on the lam later, he still hadn’t been brought to justice. We hid him in various places but now we had a problem. We had a show coming at Monmouth College. We needed the money and we had to do the gig. We tried a replacement but it didn’t work out. So Danny, to all of our admiration, stepped up and said he’d risk his freedom, take the chance and play.

Show night. 2,000 screaming fans in the Monmouth College gym. We had it worked out so Danny would not appear onstage until the moment we started playing. We figured the police who were there to arrest him wouldn’t do so onstage during the show and risk starting another riot.

Let me set the scene for you. Danny is hiding, hunkered down in the backseat of a car in the parking lot. At five minutes to eight, our scheduled start time, I go out to whisk him in. I tap on the window.

“Danny, come on, it’s time.”

I hear back, “I’m not going.”

Me: “What do you mean you’re not going?”

Danny: “The cops are on the roof of the gym. I’ve seen them and they’re going to nail me the minute I step out of this car.”

As I open the door, I realize that Danny has been smoking a little something and had grown rather paranoid. I said, “Dan, there are no cops on the roof.”

He says, “Yes, I saw them, I tell you. I’m not coming in.”

So I used a procedure I’d call on often over the next forty years in dealing with my old pal’s concerns. I threatened him…and cajoled. Finally, out he came. Across the parking lot and into the gym we swept for a rapturous concert during which we laughted like thieves at our excellent dodge of the local cops.

At the end of the evening, during the last song, I pulled the entire crowd up onto the stage and Danny slipped into the audience and out the front door. Once again, “Phantom” Dan had made his exit. (I still get the occasional card from the old Chief of Police of Middletown wishing us well. Our histories are forever intertwined.) And that, my friends, was only the beginning.

There was the time Danny quit the band during a rough period at Max’s Kansas City, explaining to me that he was leaving to fix televisions. I asked him to think about that and come back later.

Or Danny, in the band rental car, bouncing off several parked cars after a night of entertainment, smashing out the windshield with his head but saved from severe injury by the huge hard cowboy hat he bought in Texas on our last Western swing.

Or Danny, leaving a large marijuana plant on the front seat of his car in a tow away zone. The car was promptly towed. He said, “Bruce, I’m going to go down and report that it was stolen.” I said, “I’m not sure that’s a good idea.”

Down he went and straight into the slammer without passing go.

Or Danny, the only member of the E Street Band to be physically thrown out of the Stone Pony. Considering all the money we made them, that wasn’t easy to do.

Or Danny receiving and surviving a “cautionary assault” from an enraged but restrained “Big Man” Clarence Clemons while they were living together and Danny finally drove the “Big Man” over the big top.

Or Danny assisting me in removing my foot from his stereo speaker after being the only band member ever to drive me into a violent rage.

And through it all, Danny played his beautiful, soulful B3 organ for me and our love grew. And continued to grow. Life is funny like that. He was my homeboy, and great, and for that you make considerations… And he was much more tolerant of my failures than I was of his.

When Danny wasn’t causing chaos, he was a sweet, talented, unassuming, unpretentious good-hearted guy who simply had an unchecked ability to make good fortune and things in general go fabulously wrong.

But beyond all of that, he also had a mountain of the right stuff. He had the heart and soul of an engineer. He learned to fly. He was always up on the latest technology and would explain it to you patiently and in enormous detail. He was always “souping” something up, his car, his stereo, his B3. When Patti joined the band, he was the most welcoming, thoughtful, kindest friend to the first woman entering our “boys club.”

He loved his kids, always bragging about Jason, Harley, and Madison, and he loved his wife Maya for the new things she brought into his life.

And then there was his artistry. He was the most intuitive player I’ve ever seen. His style was slippery and fluid, drawn to the spaces the other musicians in the E Street Band left. He wasn’t an assertive player, he was a complementary player. A true accompanist. He naturally supplied the glue that bound the band’s sound together. In doing so, he created for himself a very specific style. When you hear Dan Federici, you don’t hear a blanket of sound, you hear a riff, packed with energy, flying above everything else for a few moments and then gone back in the track. “Phantom” Dan Federici. Now you hear him, now you don’t.

Offstage, Danny couldn’t recite a lyric or a chord progression for one of my songs. Onstage, his ears opened up. He listened, he felt, he played, finding the perfect hole and placement for a chord or a flurry of notes. This style created a tremendous feeling of spontaneity in our ensemble playing.

In the studio, if I wanted to loosen up the track we were recording, I’d put Danny on it and not tell him what to play. I’d just set him loose. He brought with him the sound of the carnival, the amusements, the boardwalk, the beach, the geography of our youth and the heart and soul of the birthplace of the E Street Band.

Then we grew up. Very slowly. We stood together through a lot of trials and tribulations. Danny’s response to a mistake onstage, hard times, catastrophic events was usually a shrug and a smile. Sort of an “I am but one man in a raging sea, but I’m still afloat. And we’re all still here.”

I watched Danny fight and conquer some tough addictions. I watched him struggle to put his life together and in the last decade when the band reunited, thrive on sitting in his seat behind that big B3, filled with life and, yes, a new maturity, passion for his job, his family and his home in the brother and sisterhood of our band.

Finally, I watched him fight his cancer without complaint and with great courage and spirit. When I asked him how things looked, he just said, “what are you going to do? I’m looking forward to tomorrow.” Danny, the sunny side up fatalist. He never gave up right to the end.

A few weeks back we ended up onstage in Indianapolis for what would be the last time. Before we went on I asked him what he wanted to play and he said, “Sandy.” He wanted to strap on the accordion and revisit the boardwalk of our youth during the summer nights when we’d walk along the boards with all the time in the world.

So what if we just smashed into three parked cars, it’s a beautiful night! So what if we’re on the lam from the entire Middletown police department, let’s go take a swim! He wanted to play once more the song that is of course about the end of something wonderful and the beginning of something unknown and new.

Let’s go back to the days of miracles. Pete Townshend said, “a rock and roll band is a crazy thing. You meet some people when you’re a kid and unlike any other occupation in the whole world, you’re stuck with them your whole life no matter who they are or what crazy things they do.”

If we didn’t play together, the E Street Band at this point would probably not know one another. We wouldn’t be in this room together. But we do… We do play together. And every night at 8 p.m., we walk out on stage together and that, my friends, is a place where miracles occur…old and new miracles. And those you are with, in the presence of miracles, you never forget. Life does not separate you. Death does not separate you. Those you are with who create miracles for you, like Danny did for me every night, you are honored to be amongst.

Of course we all grow up and we know “it’s only rock and roll”…but it’s not. After a lifetime of watching a man perform his miracle for you, night after night, it feels an awful lot like love.

So today, making another one of his mysterious exits, we say farewell to Danny, “Phantom” Dan, Federici. Father, husband, my brother, my friend, my mystery, my thorn, my rose, my keyboard player, my miracle man and lifelong member in good standing of the house rockin’, pants droppin’, earth shockin’, hard rockin’, booty shakin’, love makin’, heart breakin’, soul cryin’… and, yes, death defyin’ legendary E Street Band.

2 comments

  1. aritz says:

    ya los conocia los descubri viendo la vida secreta de las palabras,peliculon,aparecian en la bso.
    tienen una cancion the lake acojonante

    te mando el discurso del boss en el funeral de danny,muy emotivo,asi como el video que ponen en su homenaje
    supongo que igual ya los has visto si entras en pointblack o springsteen corner pero bueno te lo mando
    laister arte.un abrazo

Trackbacks / Pingbacks

  1. nacho.tv | Bruce Springsteen borda dos noches mágicas en el Emirates Stadium de Londres. Mi viaje:

Leave a Reply