Audiencias

Las audiencias de los programas de televisión hay que disfrutarlas cuando se tienen… porque luego va a tocar sufrirlas cuando no se tengan…

Son generadoras de estados de ánimo. El día que desayunas con un buen dato es un día que empieza redondo… Todo es alegría en el trabajo, todo gusta y se respira un ambiente de tranquilidad… Por el contrario, cuando los datos son malos, hay intranquilidad, tensión, se empieza a pensar que te vas a la calle… y cuando las cosas ya están mal, se intenta solucionarlo dando bandazos…

Hay que disfrutarlas, pero no creertelas… Ni creerte que es por ti o por tu trabajo… Y esto pasa mucho a presentadores, directores, redactores, productores, realizadores… Todos podemos caer en la tentación de creernoslo… A veces está bien dejarse absorber por ese sentimiento un poco embriagador, pero hay que saber volver a la realidad…

Porque en mi caso, y creo que a todos nos pasa, intentamos hacerlo lo mejor posible tanto cuando tenemos buena audiencia como cuando la tenemos mala… Con las mismas ganas, con la misma ilusión… Y si era gracias a nosotros la buena, será por nuestra culpa la mala… O que no sabemos hacerlo…

Al final, las audiencias son un misterio… Un programa que nadie daba un duro por él acaba siendo un exitazo y el que más te gusta, “a priori”, acaba siendo un fracaso y no dura ni dos días…

Afortunadamente, o desgraciadamente, el dato de la audiencia es algo con lo que hay que convivir… Asumirlo, disfrutarlo o resoplar y seguir haciéndolo lo mejor posible.

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