El cambio

Hace unos días leí en El País un artículo en las páginas de deporte titulado Del ‘fosbury’ al tijeretazo de Thomas.

El título no me decía mucho. La verdad es que no soy nada un entendido en el salto de altura…

El artículo, en resumen, habla sobre Donald Thomas. Nacido en Bahamas, hasta hace 18 meses se dedicaba al baloncesto, especialmente a los concursos de mates, y a estudiar marketing…

Un día en la cafetería apostó con uno del equipo de atletismo a que no podía saltar 1,82 metros… Los saltó y a partir de ahí empezó a competir en salto de altura. 2,20 en su primera competición con zapatillas de baloncesto…

Thomas ha revolucionado un mundo anquilosado en técnicas ancestrales… Con su espectáculo y su técnica “propia” debe estar volviendo locos a todos los entrenadores, técnicos y demás puristas de esa disciplina…

Donald Thomas

Yo no lo puedo apreciar bien, pero hablan “del tijeretazo de Thomas; del estertor, el espasmo y el calambrazo que sacuden sus piernas sobre la barra”.

Arturo Ortiz, el mejor saltador español al que le hicimos un Perfiles de Arganda dice: “Es un toque de atención para los técnicos. Llevan años centrados en mejorar la carrera de aproximación y él ha demostrado lo importante que es la batida, la detente vertical”. 

Muchas veces tenemos miedo al cambio… Dudas… Si ya es demasiado tarde para hacerlo…

Bueno, el pasado 29 de agosto, Donald Thomas saltó 2,35 y fue campeón del mundo en Osaka.

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